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¿A dónde van las lágrimas que no lloramos?

by Sitali Studio

¿Y las palabras que no decimos?

Hubo un tiempo en el que me sentía cansada hasta de mí.

Despertaba con el cuerpo tenso, como si no hubiera descansado. Me miraba al espejo y no veía nada que me gustara.
Todo lo que hacía me parecía insuficiente. Y lo que sentía, era peor. Una mezcla de culpa, agotamiento, tristeza.
Pero no lo decía. Ni una palabra.

Seguía con todo como si nada.
Pero por dentro, estaba rota.
No lloraba, no hablaba, no pedía.
Solo me exigía.
Y a veces, en silencio, me enojaba conmigo por no poder ser distinta. Por no poder ser “mejor”.

En esos días, no podía registrar nada, no registraba su abrazo con amor, ni una caricia con ternura, toda era «X».
Estaba tan enfocada en sobrevivir, que se me había olvidado lo que era simplemente estar.

Cuando el cuerpo sostiene lo que no pudimos soltar

Todo lo que no se dijo, lo que no se lloró, lo que se guardó por miedo a incomodar, se queda en el cuerpo.

Se acumula en la mandíbula apretada, en los hombros rígidos, en el pecho que no logra expandirse.
Se guarda como insomnio, como presión en el estómago, como irritabilidad sin causa.
Y aunque intentemos ignorarlo, el cuerpo no olvida.

Sigue hablando, incluso cuando no queremos escuchar.

“El cuerpo lleva la cuenta de lo que la mente intenta olvidar.”

Bessel van der Kolk

A veces no sentimos nada. Hay momentos en los que no se siente tristeza, ni enojo, ni alegría. Solo un vacío. Una especie de desconexión que apaga todo: el deseo, la intuición, la ternura.

Y desde ahí, todo se vuelve más lejano.
No se disfruta un abrazo, ni una risa, ni un momento de calma.
Se pierde la capacidad de ver lo pequeño: la luz entrando por la ventana, el aroma a algo rico, una canción que antes conmovía.

Cuando estamos desconectadas/os de nosotras/os mismas/os, también nos desconectamos de la vida.

Sentir, asimilar y liberar

En aquel momento, yo pensaba que solo necesitaba “ponerme bien”.
Dejar de arrastrar ese cansancio, dejar de enojarme, dejar de sentirme vacía y darme espacio para sentir.
Y en realidad no era que no sintiera nada…sentía demasiado, pero todo estaba tan contenido que lo único que alcanzaba a percibir era un vacío.
Con el tiempo entendí algo que me cambió: no sabía cómo sostener lo que había dentro, no lo soportaba.
Emociones que no conociá y no podía nombrar, llanto que no salía, enojo que se disfrazaba de exigencia.

Cada emoción tiene una expresión en el cuerpo. Y cuando aprendemos a escucharla, algo empieza a sanar.

Sentir, asimilar y liberar

Sientes algo en el cuerpo: una presión en el pecho, un nudo en la garganta, una incomodidad difícil de nombrar.

Y en lugar de restarle importancia o distraerte (como solemos hacer) simplemente te quedas ahí, tratando de asimilarlo.

Respiras con más calma, colocas una mano sobre el pecho, haces una pausa. Ese pequeño gesto le dice al cuerpo que puede relajarse, que ya no tiene que mantenerse en alerta.

Y cuando se siente un poco más seguro, algo empieza a soltarse:
un suspiro, una lágrima, una sensación de alivio.

Comienzas a liberar, a escuchar a tu cuerpo.
Ese es el verdadero comienzo.

No es rápido. No es fácil. Pero es real.

En ese camino, descubrí que esas lágrimas que no lloramos no desaparecen. Solo esperan.
Esperan a que podamos recibirlas con más compasión.
A que dejemos de pelearnos con lo que sentimos.
A que volvamos a mirarnos, lejos del juicio, con amor y gratitud.

Porque el cuerpo nunca quiso castigarte. Solo trataba de recordarte que algo adentro sigue esperando ser visto.


¿Por dónde empezar?

No todo lo que llevas dentro se resuelve con palabras.
A veces el cuerpo necesita otro tipo de compañía: más suave, más presente, más cercana.
Por eso creamos estas guías para acompañarte: guías con ejercicios, reflexiones y prácticas que pueden ayudarte a mirar hacia adentro con más amabilidad.

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Comentarios

  • Sandra

    Gracias por poner en palabras algo que yo no sabía como explicar. Se me hizo difícil leerlo y verme reflejada, pero también sentí alivio porque se que estoy en el camino correcto

  • Cin Lemos

    Siempre que leo lo que escriben siento que me están hablando a mi❤️ estoy comenzando a vivr con menos prisa y más presente, y acabo de comprar su guia de mindfulness, ojalá y me sea de mucha ayuda!